Se trata de una medida que se viene aplicando en algunos países europeos desde hace algunos años. Se trata de imponer, para las sanciones más graves, como son los grandes excesos de velocidad o la conducción en estado de embriaguez, sanciones en función de nuestros ingresos y patrimonio. En la mayoría de los casos este exceso debe ser impuesto por un Juez, y no por un agente de la autoridad.
Este peculiar sistema de multas progresivas da pie a casos como el ocurrido en Suiza hace unos meses, en el que se multó a un conductor con nada menos que 202.415 € por circular en vía urbana a 137 Km/h en su Ferrari Testarossa. El conductor era reincidente- lo que incrementó el importe de la sanción- y su patrimonio estaba valorado en más de 15 millones de €, o el caso del Director de la compañía Nokia, Anssi Vanjokki tuvo que pagar en 2002 una multa de 116.000 € por sobreasar en 25 Km/h el límite máximo de velocidad con su Harley-Davidson. Los daños personales que podía haber causado este último eran prácticamente nulos.

Es evidente que la crisis financiera que azota al mundo afecta sensiblemente a nuestro estado de ánimo, lo que también se refleja en nuestra forma de conducir y en nuestros hábitos.
Este es un accidente trágico y sobrecogedor, pues es el vivo ejemplo de la falta de humanidad que puede llegar a mostrar un ser “humano”, un hecho que nos hace avergonzarnos de nuestra propia condición. Con sucesos como el que se va a exponer quizá deberíamos reflexionar sobre si sabemos realmente con quién estamos viajando.